Con motivo del Día Internacional de los Residuos Electrónicos, desde Recyclia queremos llamar la atención sobre la proliferación de pequeños dispositivos electrónicos baratos y de vida útil reducida, la denominada «Fast Tech». Ponemos el foco este año en uno de los nuevos desafíos de la economía circular: evitar que millones de estos pequeños dispositivos electrónicos de uso cotidiano terminen en la basura convencional, permanezcan olvidados en los hogares o escapen de los circuitos adecuados de reutilización y reciclaje.

Comprar unos auriculares, un cargador, una batería portátil o cualquier pequeño dispositivo electrónico nunca había sido tan fácil ni tan barato. Desecharlos parece igual de fácil: el 39% de los europeos reconoce haber tirado algún dispositivo electrónico de consumo rápido sin llegar a utilizarlo, después de un solo uso o durante el primer mes desde su compra. Es una de las conclusiones del estudio «Fast Tech Consumer 2026», elaborado por Bellegarde Scientific Consulting para la organización internacional WEEE Forum con motivo del Día Internacional de los Residuos Electrónicos, que se celebra hoy.

Como miembros de esta organización, nos sumamos a la campaña «Fast Tech: No la tires, ¡dale otra vida!», con la que WEEE Forum quiere llamar la atención sobre un nuevo desafío para la gestión de residuos: la extraordinaria proliferación de pequeños dispositivos electrónicos baratos, de elevada rotación y, en muchos casos, de vida muy corta.

Según el estudio de la organización, que agrupa a sistemas de gestión de residuos electrónicos de todo el mundo, el 87% de los europeos encuestados posee al menos un dispositivo Fast Tech.

Los relacionados con la carga y la iluminación son los más habituales: están presentes en el 83% de los hogares y han sido adquiridos por el 68% de los encuestados. El fenómeno es todavía más acusado entre las nuevas generaciones. El 94% de los jóvenes europeos de entre 18 y 29 años posee al menos uno de estos productos, según el estudio.

El precio explica buena parte de su éxito. Es el principal factor de compra para el 55% de los encuestados, muy por delante de la disponibilidad y visibilidad del producto (29%), las reseñas positivas (21%), las recomendaciones de confianza (16%) o la publicidad y las redes sociales (12%). Y hay otro dato especialmente revelador: el 22% reconoce haber comprado alguno de estos aparatos sin necesitarlo.

Para Gabriel García, director general de Recyclia, el estudio muestra cómo el problema de los residuos electrónicos está cambiando de escala y de naturaleza.

Según García, «el mensaje de que los aparatos electrónicos no deben terminar en la basura convencional y deben reciclarse correctamente ha calado entre los ciudadanos. El reto ahora es que el pequeño tamaño o el bajo precio de estos dispositivos no haga que los percibamos de forma diferente cuando llega el momento de desecharlos».

El estudio revela precisamente que existe una importante distancia entre la conciencia ambiental y el comportamiento real. Aunque los ciudadanos europeos identifican estos productos como aparatos electrónicos, el 27% sigue depositándolos en la basura convencional. Solo el 32% declara destinarlos al reciclaje o la reutilización y otro 16% los guarda en casa.

A ello se suma su reducida durabilidad. El 53% de los europeos encuestados dejó de utilizar algún dispositivo Fast Tech porque se rompió y otro 36% porque dejó de funcionar pese a parecer intacto. En este sentido, desde Recyclia advertimos del riesgo de asociar el bajo precio o el reducido tamaño de estos productos con un escaso valor como residuo. Por eso, consideramos fundamental facilitar que, cuando ya no los necesitamos, entregarlos correctamente resulte tan sencillo como comprarlos, con proximidad, información y la implicación de todos los agentes.

A este respecto, cabe señalar que en 2025 cerramos el ejercicio con 109.670 puntos de recogida desplegados en nuestro país y gestionó 98.392 toneladas de residuos electrónicos y 11.872 de pilas y baterías.

Asimismo, WEEE Forum señala que la Fast Tech está estrechamente vinculada al comercio electrónico. Concretamente, el 52% de los europeos que compraron estos productos lo hizo en plataformas online. Además, el estudio detecta un gran desconocimiento sobre la responsabilidad ambiental de esas ventas: el 57% de los encuestados ignora que las plataformas online deben financiar el reciclaje de los residuos electrónicos.

Este dato refuerza nuestra posición sobre la necesidad de garantizar que todos los actores que introducen aparatos electrónicos en el mercado cumplan de manera efectiva sus obligaciones en materia de Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP). Desde Recyclia consideramos que el crecimiento del comercio electrónico no puede traducirse en una pérdida de trazabilidad ni en una menor responsabilidad sobre el residuo. Independientemente de dónde o cómo se compre un dispositivo, debe garantizarse la financiación y la correcta gestión de los residuos cuando llegan al final de su vida útil.

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